La habitación estaba en silencio, salvo por el leve zumbido del aire acondicionado y el palpitar constante de mi propio corazón. Mi bolso descansaba sobre la silla, el sobre con la evidencia todavía escondido entre mis pertenencias, y yo me sentía más tensa de lo que había estado en toda la noche. Cada fibra de mi cuerpo vibraba con la adrenalina acumulada, y mis pensamientos se arremolinaban como un torbellino: Roman podría sospechar en cualquier momento, la información sobre Ricky es demasiad