La noche se había tragado la mansión entera. Las sombras se alargaban en los pasillos y los muebles parecían susurrar secretos que solo yo podía escuchar. Mi corazón aún latía a un ritmo acelerado por lo ocurrido con Ricky, y la adrenalina corría por mis venas, manteniéndome despierta, alerta, como si dormir fuera traicionar mi propio instinto. No podía descansar, no mientras Roman dormía plácidamente en la habitación contigua, ignorando lo cerca que estaba del peligro.
Me deslicé fuera de mi h