El silencio de la noche era casi tangible, pesado, como si la casa contuviera la respiración esperando un error mío. Mi brazo todavía ardía un poco por el corte que Ricky me había hecho, pero no había tiempo para eso. Cada segundo que pasaba, Roman estaba más cerca de descubrir mi verdad. Y yo no podía permitirlo. No ahora.
Lentamente, me levanté de la cama, tratando de no hacer ruido. Mi cuerpo estaba rígido de adrenalina, los músculos tensos, y el corazón aún latiendo con fuerza después del e