Capítulo 11
No podía quitarme la sensación de que algo estaba mal. Incluso después de ver a Jezebel entrar al coche como la dócil “Elena”, el instinto me gritaba que la realidad era otra. No podía probarlo, no aún, pero mi mente no dejaba de darle vueltas a cada gesto, cada mirada, cada silencio.
La noche había caído sobre la ciudad y mi casa estaba envuelta en sombras, apenas iluminada por la luz amarilla de los candelabros. Caminaba por el pasillo, la tensión clavada en mis hombros, escuchand