Los días pasan y, cada vez, me siento peor. Pensé que con la llegada del bebé iba a estar feliz, pero no me siento así. Me siento fea, poco atractiva y, a cada rato, quiero llorar. Me siento mal porque al pobre de Adam le ha tocado lidiar con mi hijo y conmigo.
Me miro al espejo y, cada vez, odio más mi reflejo, así que, en un ataque de rabia, tomo el cepillo y lo estampo contra él, haciendo que se quiebre y que varios vidrios rocen mi cara, dejando pequeños cortes. Me dejo caer al suelo y comie