Luz
Cuando Adam menciona eso, siento ganas de golpearlo. ¿Cómo se atreve a decir eso?
—¡Estás loco! Yo no sufro de nada de eso.
—¡Claro que sí! Solo te niegas a aceptarlo.
—¡Imbécil!
—Luz, necesitas ayuda. Déjame ayudarte.—¿Pero qué se ha creído este imbécil para decirme eso?
—¿Ayudarme? ¿Tú, a mí? —lo miro y suelto una risa irónica—. No necesito tu ayuda porque estoy bien.
Él niega con la cabeza.
—No, tú no estás bien. ¡Deja que te ayude!
—¡Basta! Ya te dije que no necesito tu m*****a a