Me levanto al sentir los rayos del sol pegar en mi cara, me paro y me dirijo al baño para hacer mis necesidades. Al salir, bajo a la cocina y me encuentro a Adam tomando café y leyendo el periódico.
— Hola — digo tímidamente, y él, al verme, se para y se acerca a mí.
— ¡Hey! Hola, hermosa, ¿cómo estás? — acaricia mi mejilla y siento cómo todo mi cuerpo se eriza por su contacto.
— Bien, gracias por quedarte ayer.
— No tienes que darme las gracias — le sonrío y me siento a desayunar.
— Pequeña, cu