Federico está parado en mi puerta con la cara roja, pero cuando ve lo que tengo puesto, su expresión cambia totalmente. Sus ojos se oscurecen y traga duro.
- ¿Qué haces aquí? - Me escudriña con la mirada, pero luego reacciona.
- Tápate, Olivia.
- ¿Y si no quiero? - Digo en tono altanero.
- Deja de comportarte como una niña. - Él y su maldito comentario. Me acerco a él y me pego a su cuerpo.
- ¿Quieres que te muestre de nuevo lo que puede hacer esta niña? - Parece estático, así que lo tomo del sa