- Hola, mi ángel.
Cuando escucho esa voz, siento cómo todo mi cuerpo se congela y mis manos comienzan a temblar, haciendo que la copa resbale de mis manos.
- Mariano...
- No sabes cuánto anhelaba tu voz.
- ¿Qué haces llamándome?
- Logré escapar de la cárcel, así que quiero recuperarte a ti y a mi hijo. - Una lágrima cae de mis ojos y en ese momento entra Fede a la cocina.
- Amor, ¿qué pasó? - Cuando me giro con el teléfono en la mano, él me mira preocupado.
- ¿Qué pasa, mi amor? - No digo nada,