Entramos al apartamento de Federico mientras nos besamos con desesperación. Con manos temblorosas, retiro su saco y luego comienzo a desabotonar su camisa. Él sube mi camisa y me la quita, dejando a la vista mis pechos que ya no tienen sostén.
- Eres preciosa - posa sus manos en mis senos y comienza a hacer masajes y ejercer presión, haciendo que suelte leves gemidos de placer. Acaricio su torso con mis manos y lentamente comienzo a bajarlas hasta llegar a su bulto y acariciarlo por encima del p