El sobresalto de Isabella alertó a la enfermera que se encontraba de guardia.
Al entrar en la habitación, la encontró sentada sobre la cama, respirando con dificultad y con la mirada perdida en un punto fijo de la pared.
—¿Se encuentra bien, señorita Isabella? —preguntó con preocupación.
Ella tardó unos segundos en responder.
Llevó una mano a su pecho, intentando calmar los latidos acelerados de su corazón.
—Tuve una pesadilla... o al menos eso creo.
La enfermera le sirvió un vaso con agua.
—¿Q