Los días comenzaron a transcurrir con una aparente tranquilidad en el hospital. Aunque Isabella había despertado, los médicos insistían en que su recuperación apenas estaba comenzando. Su cuerpo respondía cada vez mejor, pero su memoria seguía siendo un misterio.
Cada mañana, el doctor Ramírez y la neuróloga pasaban a revisarla. Le hacían preguntas sencillas para evaluar su orientación y su capacidad de recordar.
—¿Cómo te llamas?
—Isabella.
—¿Sabes dónde estás?
—En un hospital.
—¿Recuerdas por