El silencio que quedó después de la llamada fue más doloroso que cualquier discusión.
Fernando permaneció inmóvil, con el teléfono aún en la mano. Al otro lado de la línea, Verónica lloraba sin encontrar el valor para negar las acusaciones.
—Respóndeme... —dijo Fernando con la voz quebrada—. Solo dime que todo esto es un error.
Verónica cerró los ojos.
Durante meses había preparado excusas, mentiras y respuestas para protegerse. Sin embargo, en ese instante ninguna salió de sus labios.
El peso