Nadie pronunció una palabra mientras abandonaban el laboratorio.
El cielo, cubierto por densas nubes grises, parecía reflejar el estado de ánimo de todos.
Julián caminó unos pasos por delante del resto.
No lloraba.
Ya no.
El dolor se había convertido en un silencio tan profundo que ninguna lágrima podía aliviarlo.
Su madre se acercó despacio.
—Hijo...
Julián levantó una mano con delicadeza.
—Solo necesito un momento.
Ella comprendió que aquel era un duelo que debía atravesar por sí mismo.
Lo ob