El sol iluminaba los jardines de la fundación cuando el automóvil de Julián cruzó lentamente el portón principal.
Hacía mucho tiempo que no visitaba un lugar tan lleno de risas.
Varios niños corrían por el patio jugando al fútbol, mientras otros pintaban dibujos bajo la sombra de un enorme árbol.
Al bajar del automóvil, una mujer de unos cincuenta años se acercó con una cálida sonrisa.
—Señor Julián, bienvenido. Soy Laura, directora de la fundación.
Él estrechó su mano con amabilidad.
—Gracias