El hospital había recuperado la calma después de la agitación del parto.
Los pasillos, que horas antes estaban llenos de médicos, enfermeras y familiares, ahora permanecían casi en silencio. Solo se escuchaba el sonido constante de los monitores y el ir y venir del personal sanitario.
Dentro de la habitación, Camila permanecía despierta.
El pequeño dormía plácidamente entre sus brazos.
Lo observaba con una mezcla de amor y angustia.
Nunca imaginó que el día que tanto había esperado terminaría c