Mundo ficciónIniciar sesiónA la mañana siguiente, Camila despertó incluso antes de que sonara la alarma.
Aquello no era normal. Ella adoraba dormir. Especialmente después de pasar noches enteras trabajando en cuadros o terminando encargos para clientes. Sin embargo, aquella mañana abrió los ojos y lo primero que recordó fue la llamada de Leonardo. "Creo que encontré algo." La frase había permanecido en su cabeza durante toda la noche. Y por más que intentó convencerse de que probablemente no era nada importante, no había funcionado. Porque en los últimos días había descubierto una verdad incómoda. Cada vez que alguien relacionado con los Montenegro decía que había encontrado algo, terminado descubriendo un nuevo secreto. Y ella estaba empezando a cansarse de vivir rodeada de secretos. Después de desayunar apenas pudo concentrarse en sus actividades habituales. Intentó avanzar en un cuadro. Organizó algunos materiales. Respondió correos de clientes. Pero nada logró distraerla. Por eso, cuando Leonardo le envió un mensaje cerca del mediodía indicándole una dirección y una hora, no tardó demasiado en aceptar. El lugar resultó ser una pequeña cafetería ubicada en una zona tranquila de la ciudad. No era el tipo de establecimiento que Camila imaginaba que Leonardo frecuentaría. De hecho, parecía demasiado acogedor para alguien como él. Había plantas cerca de las ventanas. Música suave. Mesas de madera. Y un ambiente relajado que contrastaba completamente con el mundo empresarial en el que él solía moverse. Cuando llegó, Leonardo ya estaba allí. Sentado en una mesa al fondo. Con una carpeta frente a él. Por supuesto. Otra carpeta. Camila comenzó a sospechar que aquellas cosas estaban intentando arruinarle la vida. —Hola. Leonardo levantó la vista. —Hola. Por alguna razón el saludo no resultó tan incómodo como otras veces. Quizás porque ambos estaban demasiado cansados para discutir. O quizás porque llevaban varios días enfrentando el mismo problema. —¿Qué encontraste? Ni siquiera se molestó en sentarse antes de preguntar. Leonardo señaló la silla frente a él. —Buenos días para ti también. Camila tomó asiento. —Buenos días. Ahora dime. Aquello provocó algo extraño. La esquina de los labios de Leonardo pareció moverse ligeramente. Como si estuviera reprimiendo una sonrisa. Y la visión resultó tan inesperada que Camila estuvo a punto de olvidar lo que estaba preguntando. —Eres impaciente. —Y tú hablas demasiado para alguien que llamó diciendo que había encontrado algo importante. —Justo. La respuesta vino acompañada de un leve movimiento de cabeza. Después abrió la carpeta. Camila se inclinó ligeramente hacia adelante. Dentro había varias fotografías antiguas. Algunas parecían tener más de veinte años. Otras incluso más. Y todas tenían algo en común. Su madre. El corazón de Camila dio un vuelco. —¿De dónde sacaste esto? La pregunta salió en apenas un susurro. Porque reconocería a Valeria en cualquier parte. Aunque los años hubieran pasado. Aunque las imágenes estuvieran desgastadas. Aunque apenas conservara recuerdos reales de ella. La reconocería siempre. Leonardo observó las fotografías. —Las encontré en los archivos personales de mi padre. —¿Qué hacías revisando sus archivos? —Buscando respuestas. La sinceridad de aquella respuesta la sorprendió. Porque era exactamente lo mismo que ella llevaba intentando hacer. Camila tomó una de las fotografías con cuidado. En ella aparecía Valeria sonriendo frente a un caballete. Joven. Hermosa. Llena de vida. La imagen hizo que algo se apretara dentro de su pecho. —Hace años que no veía una foto suya. Leonardo guardó silencio. Respetando aquel momento. Y Camila agradeció que no intentara llenar el espacio con palabras innecesarias. Después de varios segundos continuó revisando las imágenes. Y entonces encontró algo extraño. Muy extraño. —Espera. Leonardo levantó la vista. —¿Qué ocurre? Camila observó una fotografía más detenidamente. En ella aparecía Valeria. Alejandro. Y otro hombre. Un hombre que ella nunca había visto. —¿Quién es él? El silencio fue inmediato. Leonardo observó la fotografía. Y negó lentamente. —No lo sé. —¿Nunca lo habías visto? —No. Camila siguió estudiando la imagen. Había algo familiar en aquel hombre. No sabía exactamente qué. Pero algo llamaba su atención. Quizás la forma de sus ojos. O de su sonrisa. O tal vez solo era su imaginación. —Hay más. La voz de Leonardo interrumpió sus pensamientos. Sacó otro documento de la carpeta. Y lo colocó sobre la mesa. Era una copia de una vieja noticia publicada en una revista local. La fecha era de hacía más de veinte años. Camila comenzó a leer. Y cuanto más avanzaba, más confundida se sentía. La noticia hablaba sobre una exposición de arte organizada por jóvenes artistas. Entre los nombres mencionados aparecía Valeria. Pero también aparecía otro nombre. Uno que estaba marcado con bolígrafo. Como si alguien hubiera querido resaltarlo. Camila leyó varias veces. Luego levantó la mirada. —¿Quién es Sebastián Durán? Leonardo negó con la cabeza. —No lo sé. —Entonces ¿por qué está marcado? —Porque mi padre lo marcó. El corazón de Camila comenzó a acelerarse. Otra vez. Porque aquello ya no parecía una coincidencia. Valeria. Alejandro. Ese hombre desconocido. Y ahora Sebastián Durán. Todo parecía conectado. De alguna manera. Aunque todavía no lograra entender cómo. —¿Crees que tenga que ver conmigo? La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Leonardo no respondió inmediatamente. Durante varios segundos observó los documentos. Las fotografías. Los nombres. Las fechas. Y finalmente levantó la vista. —Sí. La respuesta fue firme. Directa. Sin dudas. —Lo creo. Camila tragó saliva. Porque escuchar aquello en voz alta resultaba diferente. Más real. Más aterrador. —¿Por qué? Leonardo apoyó los brazos sobre la mesa. —Porque mi padre lleva años ocultando algo. Porque tu madre aparece en todos estos documentos. Porque cada vez que preguntamos, evita responder. Y porque estoy empezando a pensar que este matrimonio nunca tuvo que ver conmigo. Aquellas palabras hicieron que Camila se quedara inmóvil. —¿Qué quieres decir? Leonardo sostuvo su mirada. Y por primera vez desde que lo conocía parecía tan confundido como ella. —Creo que mi padre te eligió por una razón que todavía no conocemos. El ruido de la cafetería desapareció por completo. O al menos así se sintió. Porque de repente todo parecía girar alrededor de esa posibilidad. ¿Y si tenía razón? ¿Y si el matrimonio nunca había sido sobre la empresa? ¿Y si había algo mucho más importante detrás? Algo relacionado con su madre. Con Alejandro. Y con el hombre de aquella fotografía. Camila volvió a mirar la imagen. Y una sensación extraña recorrió todo su cuerpo. La sensación de estar acercándose a una verdad que llevaba toda la vida esperando. Sin saber que esa misma verdad también tenía el poder de destruir muchas cosas.






