La habitación parecía vibrar con una intensidad que Valeria no había experimentado antes. El aire se había espesado, cargado de una energía que la hacía sentir como si todo a su alrededor fuera inestable, a punto de desmoronarse en cualquier momento. El libro, aún en sus manos, pulsaba con un ritmo extraño, como si tuviera vida propia.
La mujer que había entrado a la habitación, con su rostro ahora marcado por un terror palpable, dio un paso adelante, como si intentara intervenir, pero Valeria