CAPITULO 38
La habitación comenzó a girar lentamente, como si la gravedad misma hubiera dejado de funcionar. Los muros parecían derretirse, transformándose en una mezcla de sombras y luz distorsionada. Valeria intentó aferrarse a algo, pero las paredes ya no eran sólidas; todo era un vacío suspendido en el aire.

La mujer de la mansión, con sus ojos desorbitados, dio un paso hacia adelante, sus manos temblando, pero Valeria no podía escucharla. La atmósfera estaba cargada de un zumbido bajo, como si algo gig
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