Nuestros amigos y familiares estaban sin saber qué decir, observando a la bebé, pero la primera en reaccionar fue mi amiga Lucy.
—¡Ay, por Dios, soy tía! —grita mientras toma la mano de Víctor y se acerca a la bebé—. Mira, Víctor, es preciosa.
—Sí, es muy linda la bebé. Felicidades —dice Víctor, regalándonos una sonrisa.
—¡Por Dios, soy abuela! —exclama la señora María con una sonrisa en el rostro—. Somos abuelos, Lorenzo.
—Lo sé, cariño.
—Vengan a conocerla —les animo. Ambos se acercan y Santia