Llegamos al hospital y unas enfermeras me llevaron a un cubículo para que un médico me revisara. Durante ese tiempo, Santiago no se alejó de mí, pero por primera vez en mi vida, lo quería lo más lejos posible.
—Buenos días, señorita. Cuéntame, ¿qué te pasa? —preguntó el médico.
—Ayer alguien me dio una patada en esta parte —le señalo el lado derecho de mis costillas— y me duele mucho.
—Levanta tu blusa para revisarte —dijo él.
Como me duele mucho moverme, Santiago me ayuda, pero no le doy las gr