Estoy en la entrada de la casa de Julián, intentando controlar mis nervios, ya que tengo miedo de que vuelva a pasar lo que ocurrió. Lo único que me da algo de tranquilidad es que Santiago dijo que iba a venir y, además, los padres están en casa. Respiro hondo y toco el timbre. La puerta se abre y aparece una de las empleadas.
— Señorita, pase —dice.
— Gracias —respondo mientras entro a la casa y camino hacia la sala, donde se encuentran la señora María y el señor Lorenzo.
— Mía querida —María m