Veo cómo Santiago se pone de todos los colores por la rabia que tiene, y cuando noto que está a punto de irse para hacerle quién sabe qué a Julián, lo tomo del brazo para detenerlo.
—Espera, Santiago, no hagas nada, te lo pido —le suplico con lágrimas en los ojos.
—Mira cómo te dejó. Puede ser mi hermano, pero es un animal. No lo reconozco.
—Lo sé, yo tampoco sé qué le pasó, pero no quiero que hagas nada. Voy a terminar con él. No puedo estar con una persona violenta, pero, por favor, no hagas n