La pequeña frotó sus ojitos somnolientos mientras caminaba hacia su madre.
—Mamá, aquí estoy… —murmuró con voz adormilada.
La madre de Camila la cargó con ternura, pero la niña alzó la vista y abrió los ojos con sorpresa al reconocer a Alejandro.
—¿Eres tú, Alejandro?
Alejandro se acerco un poco y le sonrió.
—Hola, pequeña. ¿Cómo estás?
La niña bajó la mirada con tristeza.
—Estoy muy triste… Mi mamá me dijo que mi hermana se fue y no sabremos cuándo volverá…
El pecho de Alejandro se oprimió al