Sandra, la esposa de Andrés, entró detrás de él con una elegante sonrisa y un porte impecable. Al ver a Alejandro, se acercó a saludarlo con cortesía.
—Buenas noches, Alejandro. Gracias por invitarnos. Todo se ve maravilloso —dijo Sandra con una amabilidad que parecía sincera, aunque Alejandro no pudo evitar notar cierto destello de curiosidad en sus ojos.
—Gracias, Sandra. Me alegra que hayan podido venir —respondió Alejandro con su habitual tono neutral.
De repente, la pequeña Melody, hija de