Camila salió del restaurante con una sonrisa serena en el rostro. Sus pasos eran firmes, pero su corazón latía con fuerza. Afuera, el sol comenzaba a ocultarse tras los edificios, tiñendo el cielo de tonalidades doradas y anaranjadas. Eduardo y Sofía caminaban a su lado, acompañándola en silencio, como si entendieran que Camila necesitaba ese momento para procesar todo lo vivido dentro de aquel lugar que, a partir de ahora, sería parte de su destino.
—¿Cómo te sientes, hija, al dar este paso ta