Adrien estaba sentado en el helicóptero, su mirada fija en el horizonte nocturno mientras las luces de la ciudad parpadeaban a lo lejos. El sonido constante de las aspas resonaba en sus oídos, acompañado por el peso de la responsabilidad que llevaba sobre sus hombros. De repente, su teléfono vibró en su bolsillo. Rápidamente, lo sacó y vio el nombre de uno de sus hombres en la pantalla.
—¡Alo! —contestó con firmeza.
—Señor, ya estamos en la casa de la madre de la señorita Camila.
Adrien enderez