El helicóptero descendía lentamente sobre la plataforma del hospital privado. Las luces rojas y blancas parpadeaban en la pista de aterrizaje, iluminando el rostro tenso de Adrien, quien no apartaba la vista de Camila. Ella seguía inconsciente, su piel estaba más pálida que nunca y su respiración era apenas perceptible.
—¡Abran la puerta! —ordenó Adrien en cuanto el helicóptero tocó el suelo.
Un equipo de médicos y enfermeras los esperaba. Apenas se abrieron las puertas, un médico subió rápidam