Un silencio sepulcral
El hospital parecía más frío que nunca. Los pasillos, iluminados con luces blanquecinas, proyectaban sombras alargadas en el suelo. Alejandro se dejó caer en una de las sillas metálicas de la sala de espera, su cuerpo pesado por el cansancio y el dolor. Su mirada estaba perdida, fija en el suelo, como si esperara que todo esto fuera solo una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento.
Carlos Ferrer, su padre, lo observó con el ceño fruncido. Ver a su hijo en ese