Rodrigo regresó al apartamento de Emma completamente cubierto de polvo y tierra.
Emma, al verlo entrar en ese estado, frunció el ceño intrigada.
—¿Por qué llegaste así? —preguntó mientras se acercaba—. ¿No se supone que fuiste a ver a Mario?
Rodrigo cerró la puerta lentamente y dejó las llaves sobre la mesa.
Su expresión era completamente fría.
—Sí, fui a verlo.
Emma lo observó confundida.
—¿Entonces dónde está?
Rodrigo la miró fijamente antes de responder:
—Tuvimos un problema.
El corazón de E