A la mañana siguiente, Alejandro apenas había logrado dormir unas pocas horas.
Desde la ventana del hotel observaba el cielo gris de Londres mientras repasaba una y otra vez toda la información que había reunido sobre Laura.
Sabía que cada minuto era valioso.
Si ella volvía a cambiar de identidad o de escondite, encontrarla sería mucho más difícil.
En ese momento, su teléfono comenzó a sonar.
La pantalla mostraba el nombre de Emma.
Alejandro respondió de inmediato.
—¿Encontraste algo?
Al otro l