Miranda respiró profundamente antes de salir del baño. Intentó calmarse mientras caminaba de regreso a su puesto de trabajo, aunque el miedo seguía oprimiéndole el pecho.
No se atrevía a mirar hacia la oficina de Alejandro Villarreal. Estaba aterrada de que él hubiera descubierto la verdad.
Con nerviosismo, tomó unas toallas húmedas y comenzó a limpiarse el perfume del cuello y las muñecas, intentando borrar cualquier rastro de aquel aroma que casi la había delatado.
Pero apenas terminó, el tel