Emilia Morgan
Cuatro meses después.
Nunca pensé que me temblarían las manos por algo que no fuera una pistola.
Y sin embargo, ahí estaba. Frente al espejo, con un vestido blanco que Scarlett había elegido con lágrimas en los ojos y un peinado demasiado delicado para una mujer que había sobrevivido al infierno.
Mis dedos no dejaban de apretar el borde del tocador.
—Estoy nerviosa —dije en voz alta, como si confesarlo lo hiciera menos real.
Scarlett me miró desde el otro lado de la habitación, co