Nicholas Jones
Estábamos en la sala de operaciones improvisada que Dante había montado. Luces tenues. Monitores encendidos. Mapas abiertos. Códigos, líneas de tiempo. Frío por fuera, infierno por dentro.
Entonces sonó el teléfono.
No el mío. No el de Emilia. La línea segura. Esa que solo usaban los enemigos cuando querían que el mensaje fuera imposible de ignorar.
Emilia lo contestó antes de que Dante siquiera pudiera moverse.
—¿Aló?
Y ahí fue cuando lo escuchamos.
—¡Mami milia! ¡Papáaaa! ¡Ayúd