El piso se le mueve a Catalina, no por el encierro, sino por lo que quiere decir, algo se adelantó, algo no salió como debía, y lo siente enseguida….
La sonrisa de Rebeca lo termina de explicar todo, las palabras de la última vez
Mira a Martín y la confusión duele, porque no hay maldad en lo que hace, hay miedo, un miedo torcido que lo lleva a creer que encerrándola la cuida, que dejándola atrás la protege.
Él quiere sacarla de todo esto, dejarla en la casa mientras se va a la fiesta con Rebeca y los niños, porque sabe que sus padres pueden moverse en cualquier momento, porque cree que así nadie va a tocarla, que así nadie va a llevársela.
Pero al cerrar esa puerta, sin saberlo, la deja sola frente a algo que ya empezó.
Martín avanza con los niños delante, y Catalina queda encerrada, entendiendo que el plan entró en su parte más peligrosa, que el tiempo se acortó, que ya no se trata de esperar.
Mientras salen de la mansión, Rebeca se queda un segundo atrás, apenas lo justo para cruza