Lo decía demasiado decidida
Ladeé la cabeza y le sonreí ignirandola por completo
—Santiago —llamé.
Él apareció casi al instante desde la zona de la cocina, atento como siempre.
—Sí, señora.
—Prepara dos desayunos y llévalos a mi alcoba, por favor
Él asintió.
—Enseguida.
Se dio la vuelta y desapareció por la puerta del pasillo de servicio.
Rebeca soltó una risa burlona.
—¿Dos desayunos? —dijo—, Mel, si sigues así vas a parecer una vaca, si de por sí ya subiste de peso, aún quieres subir más? no