Capitulo 67

Lo decía demasiado decidida

Ladeé la cabeza y le sonreí ignirandola por completo

—Santiago —llamé.

Él apareció casi al instante desde la zona de la cocina, atento como siempre.

—Sí, señora.

—Prepara dos desayunos y llévalos a mi alcoba, por favor

Él asintió.

—Enseguida.

Se dio la vuelta y desapareció por la puerta del pasillo de servicio.

Rebeca soltó una risa burlona.

—¿Dos desayunos? —dijo—, Mel, si sigues así vas a parecer una vaca, si de por sí ya subiste de peso, aún quieres subir más? no
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