Lo decía demasiado decidida
Ladeé la cabeza y le sonreí ignirandola por completo
—Santiago —llamé.
Él apareció casi al instante desde la zona de la cocina, atento como siempre.
—Sí, señora.
—Prepara dos desayunos y llévalos a mi alcoba, por favor
Él asintió.
—Enseguida.
Se dio la vuelta y desapareció por la puerta del pasillo de servicio.
Rebeca soltó una risa burlona.
—¿Dos desayunos? —dijo—, Mel, si sigues así vas a parecer una vaca, si de por sí ya subiste de peso, aún quieres subir más? no sé si no te ves al espejo o qué.
Siguió un poco más, que si la ropa no me iba a cerrar, que si claro, así cómo pretendía recuperar a nadie, pequeñas puñaladas disfrazadas de chiste.
Yo solo sonreí.
—Me sorprende que no lo notes —dije.
Di la vuelta y empecé a subir las escaleras ,sentí sus ojos clavados en mi espalda, cuando llegué al descanso me giré un poco y la miré, ella también me miraba, confundida, le sonreí de lado, lo justo.
Entre a la habitacion y lo primero que vi fue la espalda de Ma