Al día siguiente estaba en el jardín, hablando con los jardineros, mostrándoles cómo quería que las rosas fueran protagonistas, los arbustos bien recortados, nada de macetas tiradas por ahí, todo normal ….cuando se escuchó el grito irritado de Rebeca.
—¿Qué demonios están haciendo? —grito desde la terraza.
Los jardineros se quedaron quietos, con las palas a medio camino. Yo giré despacio y la miré, recargada en la baranda, con la cara roja de coraje.
—Martín dio la orden —dije, tranquila.
Bajó