Dos semanas… No creía que fueran suficientes, pero un recuerdo que volvía con fuerza. Miré el calendario y ahí estaba, marcado…
Mañana era el cumpleaños de Martín.
Sin pensarlo, fui corriendo al último cajón del armario y allí estaba, envuelto, el regalo….. un reloj antiguo, de esos que él coleccionaba con tanta pasión, el único que le faltaba. Lo tomé entre mis manos y de repente la idea llegó, clara y perfecta.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro y volví a guardar el reloj, cerré el cajón y pense …..Porque si todo salía bien… el momento iba a ser perfecto.
Bajé al primer piso con ganas de enfrentar a esa víbora. Justo cuando llegué al pasillo, la puerta de su cuarto se abrió y salieron Nicolás y Catalina, seguidos por Yolanda, riendo como si nada pasara.
—¿Qué hacen aquí? —solte fingiendo enojo— ¿Se olvidaron de que están castigados? Se supone que no deben ni acercarse a Rebeca.
Nicolás se cruzó de brazos, con una sonrisa que me hacía hervir la sangre.
—Solo vinimos a verla ¿A ti qu