Rebeca parpadea, la imagino recorriendo en su cabeza su agenda, el calendario, los compromisos, las cosas que son importantes para ella, hasta que, de pronto, su expresión se ilumina como disque recordandolo..
—¡Ah, sí! —solto sonriente—, cómo se me pudo olvidar, tengo una reserva con las chicas en el spa a las once, gracias por recordármelo, cariño.
Se vuelve hacia los niños como si nada.
—Ustedes irán al club infantil del centro comercial —añade—, se van a divertir más ahí mientras yo hago las compras.
La reacción es inmediata, Nicolás y Catalina sueltan un grito de alegría, y Nicolás, con una voz deliberadamente alta para asegurarse de que lo escuche desde la sala, grita:
—¡Sabíamos que nos llevarías, tía Rebeca! Gracias papa!!!
Desde donde estoy veo cómo la espalda de Martín se tensa, la pequeña chispa que había en sus ojos cuando hizo la pregunta se apaga…
Sin pronunciar palabra deja la tarjeta de crédito sobre la mesa, toma su maletín y sale por la puerta principal, escucho el s