Rebeca parpadea, la imagino recorriendo en su cabeza su agenda, el calendario, los compromisos, las cosas que son importantes para ella, hasta que, de pronto, su expresión se ilumina como disque recordandolo..
—¡Ah, sí! —solto sonriente—, cómo se me pudo olvidar, tengo una reserva con las chicas en el spa a las once, gracias por recordármelo, cariño.
Se vuelve hacia los niños como si nada.
—Ustedes irán al club infantil del centro comercial —añade—, se van a divertir más ahí mientras yo hago la