Capitulo 48
Luego se volvió hacia Rebeca y, con cuidado, la ayudó a ponerse de pie.

—Vamos a tu habitación —le dijo—, necesitas descansar.

Ella me lanzó una mirada cargada de odio mientras avanzaba, pegada a él… yo le devolví una sonrisa pequeña, medida, de esas que duelen más que un insulto.

Cuando desaparecieron por el pasillo y la puerta se cerró, me giré hacia los dos y me crucé de brazos.

Nicolás estaba rojo de la cólera… Catalina tenía la cara mojada y apretaba el peluche hasta casi romperlo, los dos
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