Capitulo 48
Luego se volvió hacia Rebeca y, con cuidado, la ayudó a ponerse de pie.

—Vamos a tu habitación —le dijo—, necesitas descansar.

Ella me lanzó una mirada cargada de odio mientras avanzaba, pegada a él… yo le devolví una sonrisa pequeña, medida, de esas que duelen más que un insulto.

Cuando desaparecieron por el pasillo y la puerta se cerró, me giré hacia los dos y me crucé de brazos.

Nicolás estaba rojo de la cólera… Catalina tenía la cara mojada y apretaba el peluche hasta casi romperlo, los dos me miraban con el mismo desprecio.

—No te vamos a hacer caso —escupió Nicolás—. La única que manda es Rebeca, siempre ha sido así y siempre será así… ni papá te quiere.

Sentí la sangre hervirme, pero esta vez no la iba a desperdiciar en gritos.

—A ver —dije despacio—, parece que se les olvidó algo importante.

Los miré a los dos.

—Yo soy la que firma sus autorizaciones del colegio, sus permisos para excursiones, sus entradas al club, sus clases de todo —continué—. ¿No lo sabían?

Nicolás apretó la
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