La ambulancia llegó rápido… paramédicos, camilla, olor a desinfectante y a plástico, todo mezclado con los gemidos de Rebeca, repitiendo que le ardía, que le dolía, que se moría.
Le pusieron algo en el brazo, gasas, suero, incluso un collarín que no necesitaba, pero ella se dejaba caer como si se hubiera fracturado todo… Martín no se apartó de su lado.
—Voy con ella —dijo cuando la subieron a la camilla.
—Yo me quedo con los niños —respondí.
Él asintió, distraído.
La puerta se cerró… y la casa q