Los niños se quedaron de piedra un segundo y luego corrieron hacia ella.
—¡Rebeca! —gritó Catalina—, ¿estás bien?
Ella me miró primero a mí, anonadada, con los ojos llenos de furia… luego cambió el rostro en un segundo, lo suavizó, lo volvió dolido, tembloroso, y miró a Martín.
—Me golpeó… —sollozó—, ¿viste?… ¡me golpeó!
Martín se quedó quieto, sorprendido, todavía sujetándola del brazo… abrió la boca para decir algo, pero lo interrumpí.
—¿Cómo se te ocurre hacer quedar mal a mi marido de esa ma