Tragué saliva, bajé la mirada y jugueteé con la sábana entre los dedos, como si decirlo me pesara demasiado.
—Sabes que va a venir a buscarme… ¿verdad? —murmuré—. Está histérica… quizá antes no lo hacía, pero la entiendo… yo más que nadie… va a venir contra mí.
Se quedó en silencio unos segundos, pensativo, y giró apenas la cabeza hacia mí.
—Enviaré a alguien que esté pendiente de ti —dijo—, no va a tocarte otra vez.
Asentí.
—Voy a salir un rato más tarde… —añadí, como si me diera vergüenza pedi