Capitulo 42
Los dos volteamos al mismo tiempo y ahí estaba Rebeca, clavada en el marco, con los ojos abiertos de par en par, enormes, mirándonos como si hubiera encontrado un cadáver en lugar de una cama.

—…no —susurró al principio, casi sin voz—, no… no, no, no…

La respiración se le aceleró de golpe y los ojos se le llenaron de lágrimas instantáneas, de esas que no son de dolor, sino de rabia, de ego herido.

—¿Qué es esto? —soltó al fin, la voz aguda, temblorosa—. ¿QUÉ M****A ES ESTO? —explotó.

Intentó entrar, pero se quedó a medio paso, como si el piso quemara.

—Rebeca… —dijo Martín, en tono de advertencia.

—¡CÁLLATE! —le gritó.

Entró a la habitación sin pensar, con la cara roja de coraje, desbordada, y no pude evitar sentir ese pequeño gusto amargo en el pecho, como si estuviera disfrutando el momento.

—¿Tú te crees que soy imbécil? —escupió—. ¡Toda la casa buscándote, los niños preguntando por ti y tú aquí… DESNUDO… en la cama con ella!

Martín se pasó la mano por la cara.

—No quiero pelear, Re
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