Jasman suelta una carcajada cuando ve su imagen en el trozo de espejo. Su cabello ha dejado de ser negro. Tampoco le cae hasta los hombros. Ahora, es un niño rubio, con un pelado rebajado y una curita en la frente.
—Ni tus padres te reconocerán —afirmo.
Realmente, Leonardo ha hecho un excelente trabajo con nuestros disfraces.
De repente, una nube gris empaña las pupilas del pequeño.
—Yo sí quiero que mi mami y mi papá sepan quién soy —solloza.
Jasman mete su cabeza rubia entre mis pier