La conversación con Inés me dejó con una mezcla de emociones. La rabia por la traición de Leonardo seguía allí, pero ahora se mezclaba con una punzada de empatía. No era un monstruo sin corazón; era un hombre herido, un niño que nunca había conocido el amor incondicional.
—Y dime, Inés —dije, mi voz bajando a un susurro, sintiendo la necesidad de confirmar mis peores sospechas—. ¿Qué piensa Leonardo de las mujeres en general? ¿Cómo las ve?
Inés suspiró, su mirada se volvió sombría.
—Leonardo s