Llegué temprano, mucho antes de que nadie más apareciera. Quería tener todo bajo control, asegurarme de que cada detalle estuviera en su lugar. El proyecto de mejoras para el motor, mi "bebé", estaba listo. Las diapositivas, los gráficos, los datos… todo estaba impecable. Había pasado noches enteras revisando cada cifra, cada argumento, cada palabra. Esta era mi oportunidad, mi momento para demostrar de qué estaba hecha, no solo a Don Rafael y a Mateo, sino a mí misma. Y, por supuesto, a Leonar