Arlen caminaba por la amplía calle con destino en casa de sus parientes, pero tuvo que desviarse ya que unos hombres lo seguían. Frunció el cejo, desde hace un mes que lo seguían, pero últimamente lo vigilaban más. Seguramente era el maldito de Antonio que había mandado hombres a perseguirlo para averiguar si pretendía traicionarlo, quizás, no había escogido el mejor camino, ni el más legal, pero con los Roche en la ruina después de que ese infame de Carl Renfield lo heredara todo, no había dem