Había abandonado la casa de Odelette apenas la oscuridad empezó a disiparse.
Aquellas personas apenas contaban con lo necesario para vivir, él no podía ser una carga más.
Se detuvo un momento a tomar aire y a estirarse, pues había dormido en una pila de cobertores doblados sobre el suelo y su cuello engreído estaba resintiendo la falta de su cómodo colchón.
Cerró sus ojos con fuerza al vislumbrar su casa a lo lejos y un escalofrío recorrió su espalda al pensar en la furia de su madre y el casti