Odelette estaba afuera, dándoles de comer a las gallinas, cuando vió a una mujer elegante y de rostro adusto acercarse por la vereda que daba hacia la casa.
El perro comenzó a gruñir al verla y la muchacha tuvo que regañarlo para que no se lanzara contra la mujer.
- Buenos días señora, ¿En qué puedo servirle?.- La chica preguntó cordialmente con una sonrisa.
La mujer la miró de forma despectiva, mientras arrugaba la nariz y observaba su alrededor con un gesto parecido al asco.
- ¿Dónde está el